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Por el amor de una rosa, el jardinero es servidor de mil doscientas espinas.

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lunes, 7 de febrero de 2011

Restos.

Reflejado en su orgulloso brío de ojos, sus miles de palabras derramándose por sus viejas páginas. Tinta de sus bolígrafos derrochada una vez más bajo el ardiente fatuo fuego. Desintegrando en humo secuelas descritas en sus frágiles hojas rajadas llenas de resentimiento y melancolía. Ella podía oler sus miles de hazañas vividas de entre sus ahumados aires. Recorriendo cada página quemada, cada dolorosa palabra apuñalando su cansada cabeza, haciendo de cada una de ellas ecos que rememoraban hechos indeseables. Sus llamas desprendían un calor familiar en sus ojos, le hacían recordar sin inmutarse de su posición, en pocos segundos, de donde procedía y cómo se crió,... Veía una niña muy pequeña durmiendo en un coche viejo a las 5 de la mañana esperando a que su madre volviera a echarle un vistazo mientras trabajaba en la tienda, no era culpa de ella, ella trabajaba por su hija y aún así nadie más que ella podía cuidarla la mayoría de las veces. Momentos en los que papá trabajaba lejos de casa y eran pocas las veces que ella lo veía. Mañanas en las que, alguna vez ella cogía cacho y se sentaba en el escalón de la tienda comiéndose una barra de pan entera mientras la gente que pasaba le acariciaba la pequeña cabeza y le agitaban con cariño y risas su corta melena. Tardes en las que se posaba frente a sus cuatro paredes dibujando garabatos apoyada con el folio y el lápiz entre sus frágiles manos, desde la comida hasta la cena aprendiendo a escribir bien una letra y a hacer un frondoso árbol con sus ramitas y, otras veces, visitaba a sus queridos sabios bisabuelos, estos le contaban leyendas como la de 'las damas de las sombras' e historias de generaciones perdidas, otras de guerras, otras de la injusticia... Noches en las que algunas veces ella recibía a papá con un caluroso abrazo y una gran sonrisa en la cara. Acostumbrada a ver las cosas pequeñas como un gran tesoro. Contemplando con atención en su viejo hermoso jardín, ya demolido, desde la primera gota de rocío en cada rosa hasta la última nube rosada del atardecer. Primeros días de colegio, asombrada por cada palabra de sus pequeños libros de biblioteca con ilustraciones infantiles, le fascinaba tocar con ilusión el relieve de sus portadas, para ella, un pequeño nuevo mundo. Nuevas caras que ver todos los días, en principio todo iba bien, las niñas jugaban a las cocinitas a peinarse el pelo la una a la otra o a pasear con sus niñas rubias vestidas de rosa, pero ella era distinta y le gustaban otras cosas, le encantaba apoyarse sobre la ventana y pintar el patio del recreo, flores, animales... También le gustaba colarse a leer sus libros en mano en alguna esquina del invernadero, con la luz del sol, rodeada de preciosas plantas silvestres, cerca del frescor que dejaban los aspersores en la tierra húmeda llena de hormiguitas, sin nadie que la molestara mientras imaginaba ser la protagonista de sus cuentos. Pronto empezó a ser la burla de las niñas pequeñas que la miraban a través de la ventana de su mundo rosa; empezó a jugar al fútbol con los niños y algunas veces a caerse en charcos de barro cuando no parecía importarle mucho, a jugar a las canicas, a darle vueltas al rombo con un corcel, a hablar con la única amiga que tenía y a veces compartían los mismos gustos... La vida que a ella le divertía, y más diversión por la tarde cuando volvía al colegio. Regresaba media hora antes de las clases para jugar al pillado con sus nuevos amigos, corría por sus porches impregnando su aroma a felicidad a todo lo que pisaba. Sería la 'marimacho' durante los próximos años, luchaba en el barro amistosamente con los niños en grupos sujetando lo más parecido a una cuerda y pocas fueron las veces que cayera en ellos, más casi siempre tenía que chapotear en el barro cuando ellas estaban cerca, le hacía gracia oír sus quejidos tan agudos pero a la vez eran tan irritantes... No la dejaban en paz, si no tenían de nada más interesante que fingir hablar, solo era pasar por su lado y ya se acordaban de ella, el tema de ayer. Chiquilladas, éramos tan pequeñas... Siguen reapareciendo nuevos recuerdos en su mente mientras el fuego ya casi había deshecho su propia vida escrita en cenizas más allí seguía ella, inerte frente al indomable fuego... Pasaban los veranos tan buenos de la infancia, ella recuerda las veces que iba con su amiga, un amigo y una prima a la piscina de los olmos casi todas las tardes y después visitaban con cariño a los abuelos de su prima, jugaban con sus miles de gatos y al escondite en el desván. Pero también subía el número de problemas... Tan agobiante era la situación de que las pocas veces que veía a su padre siempre lo acababa odiando y con ganas de sacarle el dedo en toda la cara... Su madre decía que perdía la cabeza por el estrés del trabajo y siempre la pagaba con los más cercanos que tenía a su alrededor, ella simplemente pensaba que estaba loco... Parecía que le agradaba salir del trabajo para reprenderle cosas y la mayoría de las veces no tenía razón, era completamente absurdo, pedía ayuda, ella se ofrecía y finalmente le decía lo poco que valía cuando   no lo había hecho 'perfectísimo'. Le decía que era un desecho, (por no decirlo a lo basto), pero una cosa que ella sabía y él no sabía era que, para ella el se quedaba más atrás del desecho. A veces le hacía llorar y le arremetía algún que otro tortazo, y con ella alguna vez sufría su madre al oír las cosas que ella quería hacer. Se sentía tan frustrada y perpleja que hacía cosas impensables... No hacían nada juntos, solo algún fin de semana iban juntos a chinchilla con las bicicletas, pero por lo demás, cuando lo necesitaba para hacer algún trabajo: 'eso es muy fácil', 'no tengo tiempo, me voy a trabajar', 'en el taller esta todo lo que necesitas', 'ya te enseñé a tallar figuras de pequeña', 'inténtalo tú que yo no te lo puedo decir'. Cuando ella quería despejarse, se iba un poco de la casa a sitios más tranquilos como bajo su árbol dentro de un pequeño bosque cercano o a sentarse en la hierba a pintar... La suerte la delató una vez más tras la muerte de sus muy queridos bisabuelos, todavía guarda la cruz negra que le dio su tita puesto como colgante o en su bolsillo tras morir lenta y dolorosamente en un hospital. Fue como si le hubieran quitado algo dentro de ella, sentía un vacío muy intenso en ella. Los amigos ahora se dedicaban a ligar con las niñas y ya no era igual que antes, les daba miedo quedar mal delante de ellas y les seguían en todo, si ellas pensaban que 'tal' era paleta para ellos 'tol' era paletísimo. Entonces, se rindió y con su amiga empezaron a juntarse en los recreos con ellas, mientras tanto alguna que otra vez le echaban un mal de ojo y sus espaldas la criticaban. Tomó la comunión, la religión no le movía mucho, pero para no decepcionar a su madre, más o menos terminó por creer 'aparentemente'. Más que otra cosa le movían algunos regalos, el dinero y la tarta. Le regalaron dos muñecas, pero ahora mismo las tendría decapitadas en el baúl de los 'kekos'. Pasaban tantos sucesos por su cabeza que no podría describirlos en todo su tiempo... Hasta que ya se daba cuenta de que tenía que hacer lo que ella quisiera y no seguirle el juego a nadie, siguio haciendo lo que a ella le gustaba; seguía jugando al escondite, al pillado, a coleccionar bichos, a dibujar, a escribir, a cantar... Recordaba sucesivamente sus primeros días de instituto, era incluso mejor que el colegio, conoció a la persona perfecta de su vida y después de algunas rachas hizo sus propios mejores amigos tal y como era... Veía también muchos problemas en esa época pero prefirió suprimirlos de su cabeza. 'UUUUUF' Volviendo en sí, sopló las cenizas rojizas creando a su alrededor un campo de polvo olvidado. Apareció una sonrisa en su cara, por fin, había quemado el último diario que escribió y escribiría para siempre, su séptimo y último diario. Si algo aprendió para no sufrir más es no tener cerca algo que aún encima te haga recordar más tu vida anterior. Ahora, ella estaba dispuesta a empezar de nuevo sin libros triste que releer. La última escena de su anterior vida, respirar y expulsar rechazando sus restos en mis pulmones.
Ayer ardió su séptimo diario con ella, hoy renace sonriendo de sus restos.

8 comentarios:

Ana Milka dijo...

pedazo de entrada *___*!

Cristy Infinity dijo...

gracias milky :)

Ana Milka dijo...

dius cada vez k me acuerdo k en parbulitos les explotabas en la cara los renacuajos de la fuente a las pijas i las dejabas mal k chocante eras jajajajaja

Cristy Infinity dijo...

jajaja pues yo no me acordaba de eso hasta que me lo recordasteis x'DD

Carpediemquamminimumcredulapostero dijo...

Gracias por seguirme linda, obviamente te sigo ^^, me gusta mucho tu blog =) un beso

Cristy Infinity dijo...

de nada el tuya también me gusta mucho :D!

Celia Vicent dijo...

Me encanta tu blog , te sigo .
Me siges? : www.letsbrokenhearts.blogspot.com

Cristy Infinity dijo...

ajaja gracias el tuyo tambien me gusta '(: