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Por el amor de una rosa, el jardinero es servidor de mil doscientas espinas.

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lunes, 14 de mayo de 2012

Aparentando madurez.

 Vives en tu cuento de hadas, rodeada por campanillas y relojes colgados del cuello de conejos parlantes. Cierras los ojos y tu imaginación cobra vida. Caes a un pozo sin fondo de experiencias nuevas. Una princesa errante sobrevolando aire, tierra y mar, desenvainando espadas al rescate de su príncipe azul. Tú lo inventas, todo está en tu mente, es plastilina, sólo tienes que darle forma. En cambio, el tiempo delata tus fantasías. Te cansas, ves cosas que sólo son capaces de hacer los que tienen más días que tú, lo imitas pero tú quieres hacerlo. Creces, y, quieres aparentar lo que no eres. Quieres ser el ideal de todo, el centro de atención. Quieres despertarte mayor al día siguiente. Hacer todo lo posible por seguir la corriente, te pintas esa inocente y dulce sonrisa de color carmín. Le das ese primer trago a la copa de ron con cola que te ofrecen acompañada de una pequeña calada inofensiva. Una nube de humo tapa ese cielo que antes increíblemente era azul. Te has convertido en la sombra de la moda, vas hallá donde ella vaya, sin importarte porqué método sea. Finalmente, te llevas el primer chaparrón, y detrás de él le acompañan dos nubes negras. 'Quiero retroceder', es lo que leeré en tus labios. Tú antes tenías personalidad, carácter y ahora no lo dejas ver. Te metiste en el papel de otros esclavos, esos que todavía recorren ese ciclo. Y lo más bonito de todo que se perdió la gente, era, tu sonrisa de niña chica. Y así es cómo niños abandonan Nunca Jamás para conducir sus coches por la contaminada seriedad de una ciudad corrupta, política, careciente de risas, recuerdos y esperanzas. La ciudad en la que la niñez nunca se volverá a revivir. Le vendiste tu alma al diablo, la madurez va recoriendo tus venas, mientras extingue las ilusiones que una vez crearon mágia. Qué equivocada estabas. Te robaron la inocencia y tú, aceleraste el proceso. No la supiste apreciar, valorar, vivir. Por suerte no es tu caso, pequeña Blancanieves. Aprovecha mientras puedas. Tienes la oportunidad de ser única entre la copia. De destacar tras años de paciencia a considerar. Tu eres la protagonista de tu historia, no dejes que la acaben otros por tí. SONRÍE. SUEÑA. IMAGINA.


domingo, 29 de abril de 2012

Día Negro raro.

Tercera hora. Contemplando con la mirada inerte, perdida en la esquina que frecuentaba acomodarse, mientras una voz más grave y un tan contundente procedía a dar la clase. Sigilosamente y de vez en cuando, contaba los segundos que le faltaban por recorrer a la manecilla grande de su reloj índigo aterciopelado para completar el minuto. Se retiró con brusquedad el mechón de la cara que repetidamente le hacía obtener una visión nula de la pizarra en que rara vez era que no tuviera ningún ejercicio resuelto de trigonometria de la clase anterior a gimnasia. Paulatinamente, inclinó la cabeza y con una mano se limitó a cerrar su flequillo asegurándose de que  ningún milímetro de su frente quedase destapado a la vista de otros. No podía contener las ganas de echar un ojo otra vez a su reloj de aguja, con la esperanza de haber perdido ya media clase, cuando, lo encuentra tan solo cinco minutos retrasado desde la última vez que lo observó. Esta vez, le pareció que el tiempo se iba ralentizando hasta llegados algún momento de la clase parar lo que le hizo estremecerse y, en un desesperado intento por entender lo que el profesor estaba explicando en ese momento, se echó las manos a la cara aferrándose prontamente a su mesa. De su pequeña carpeta de borradores en blanco y negro, sacó un boceto a medias, con porciones del papel más ennegrecidas que otras actuando como la sombra de los párpados caídos. Y más intensas se hacían alrededor del extremo de los finos labios que difuminaba con la ayuda de sus largos dedos, los que utilizaba dependiendo del tamaño, simulándolos con el trabajo de distintos pinceles de diferente grosor, restregando con desigual forma las lineas del folio. No esperando ninguna advertencia del profesor y esperando ser invisible en su propia mente negra y vacía, garabateó su firma artística en la esquina del papel. La negrura del iris y el rostro apagado de su cara presente le provocó una nostalgia  a ser cómo solía ser hace un tiempo. Suena el timbre. Le consoló el pensar que ya faltaba menos para marcharse de esa prisión, pero no lo hacía el saber que afuera le aguardaba otra peor, por las tardes le gustaba quedar con sus amigos pero iba a ser el primer viernes que oportunamente todos estaban ocupados. Hoy es un día negro, dijo ella. Todo se ve tan similar y a la vez tan diferente al pasado día.. La noche pasada tuvo una fuerte discusión con su padre, una peor que la anterior, y siempre acaba en manos y gritos desesperantes e irritantes que te persiguen hasta que tu sentido común muere, esperando a que la fuerza gane la partida, pero esa vez no quería limpiarse el rimel corrido de sus mejillas lo que le hace desear a una aún más la independencia y un cerrojo en su ** cuarto. Esa mañana le había molestado algo que mencionó con sus amigos, las típicas tonterías con las que uno se suele rebanar los sesos y preguntarse cosas, y, ellos no lo habían notado. Le buscarían en el recreo, pero ella no estaría allí para verlo. Pues nada en sus días había cambiado, el cielo siempre estaba azul, las nubes seguían el mismo recorrido de siempre, el suelo seguía ahí soportando sus botas negras cada vez más desfavorecidas y andrajosas, aunque siempre después de salir de allí le quedaba un buen trecho a casa para cansarse pero por un momento no ser el blanco de furia de tus padres por ser un desastre en muchas ocasiones. Entonces, ¿mi suerte nunca cambiaría?.., o simplemente iría a peor.. Pensó. Nada es nada. Las cosas por un sentido parecían mejorar pero como todos, por otro era totalmente diferente. Todos progresaban, y ella tenía la sensación, de, quedarse estancada, ahogarse con su propio oxígeno, simplemente, no avanzar, quedarse en una fracción del pasado que todos sabemos que se repetirá, y repetirá, y repetirá.. El no tener miedo a nada y no morir ya le estaba aburriendo, y, a veces, entristeciendo. Quería experimentar, hablar de las sensaciones que ahora muchos a su alrededor ya podían hablar, no quería ser un futuro en el pasado, no quería esa sensación de envejecer cuando todos son tan jóvenes.. Sale del aula. avanza con sus pasos cada vez más arrastrados de lo normal y cansados. Se detiene frente al cristal donde hay depositado dentro un extintor de emergencias y observa su reflejo; en el percibe el reflejo de un engendro  largo de metro setenta y ocho, un reflejo de la inseguridad del pretérito sombrío al que prefiere no darle otra vez rienda suelta. Esta vez, baja por su escalera más próxima para evitar detenerse a hablar con sus amigos. No es que estar solo sea la gran solución, pero tampoco sabía lo que quería esa mañana.. Bueno, tenía un nudo en la garganta, de esos que si no lo sueltas se te hace muy difícil el tragar saliva, quizá fuera eso, pero tampoco tenía ganas de comprobarlo. Quizá faltaba algo que siempre estaba ahí, para ayudarte en esto, esas parejas que se preocupan por tí, te dan un beso y te hacen más fácil el día. Ese algo que si no lo tienes y lo ves, te deprime aún más y te araña con fuerza el pecho, suerte que ella ya no tenía corazón de niña, no al menos la gran parte de él. O quizá, ya no concordaba con su forma de ser; mamá odia su forma de ser. Ya no la reconoce, últimamente esta más borde con mamá y le contesta, se regodea mucho de los éxitos de su hija con toda la gente y en cambio no se siente orgullosa de lo que a ella en realidad le gustaría ser y hacer, se avergüenza. Ella piensa que su madre quiere vivir sus quince años dentro de ella a su manera como si fuera lo mejor para ella, pero no es así, y eso le agobia constantemente, como un moscardón incrustado en sus oídos. Volvemos al punto cero. La mañana es terrible, para tirarse por el puente de un río, un soplo de aire del sahara sofocante en primavera, bueno eso y que tenía algo de fiebre aunque el cielo estaba gris y nublado. Odia estar acalorada, y más cuando esta mala y no a pegado ojo en toda la noche; una parte de ella le dice, '¡A qué esperas!, vete a casa, enciende el ventilador y métete en el puto congelador', mientras la otra neutral prefiere quedarse en el limbo para que no le pongan más faltas de las que tiene. Se tragó toda la mañana con el comecocos en la cabeza, fue eterno, pero salió. Esta vez las nubes dieron paso a la lluvia que se encontró cuando salió, no llevaba paraguas, se extendió la chupa de cuero que llevaba a lo largo de la cabeza, aún así no hacía mucho frío aunque las gotas estaban heladas. Llevaba tres días seguidos bebiendo por la cuenta de la gasolina del coche de mamá con el que venía a recogerle rara vez. Pero hoy no iba a aparecer. La lluvia alternaba su intensidad y el bello del brazo ya se le erizaba como a un perro camino a casa. No esperaba un final feliz para este día, pero si peor porque ella piensa que no se puede descartar ninguna posibilidad, aunque sin amigos no hay final feliz, todavía seguía un poco consternada por lo que iba a hacer esta tarde en casa cuando oyó una bocecilla conocida y lejana a su espalda gritando su nombre:
- ¡Espera, guarrilla!, ¿estás mejor de la cabeza?, pareces una muerta viva, anda, toma mi chaqueta y ya me la devolverás esta tarde.
~
Estaba equivocada, tengo mucha suerte. Ya no me acordaba de porqué segundos atrás me mordía las uñas, o al menos, ya no me importaba tanto. Yo decido, yo soy yo, si yo soy la que hago el esfuerzo por respirar, entonces también puedo decidir si hacerlo bien o no. Y no cambiar, nunca. La lluvia se debilitaba en cantidades, bañaba mi helada tez una vez más, seguía el camino a casa desde el bancal. El viento azotaba el pastizal con gran magnitud, moviéndose con gran exaltación de un lado a otro. Personitas insignificantes con sus paraguas refugiándose de la precipitación cruzando las caminillos y senderos apresurados hacia la carretera. La carretera, puedo ver mi propio reflejo en ella, el de una niña con ganas de pisar un buen charco. Parecía estar andando sobre un río de agua, qué gran sensación.  Volvía a sentirme algo más cria, con sus mechones largos empapados de agua y el flequillo descuidado. Las calles parecían una inundación divina, y yo me había calado los calcetines de pasar por lo más encharcado. Si ahora mismo Eva, amante de los charcos estuviera presente, no me haría falta un baño para contarlo, y lavadoras.. Sería una pena que esta tarde, con Eva de paseo por las calles de Venecia, tuviera que poner otra lavadora asegurada. Y, a veces me hace pensar, que con amigos como ella, no necesitaría espejos falsos ni reflejos aliados para vivir como lo hacemos ella y yo, con manos que a veces, tras una tormenta, resbalan, pero llegados a un arco iris, agarran y no dejan de hacerlo. Un charco bajo mis pies.



miércoles, 6 de julio de 2011

lunes, 7 de febrero de 2011

Restos.

Reflejado en su orgulloso brío de ojos, sus miles de palabras derramándose por sus viejas páginas. Tinta de sus bolígrafos derrochada una vez más bajo el ardiente fatuo fuego. Desintegrando en humo secuelas descritas en sus frágiles hojas rajadas llenas de resentimiento y melancolía. Ella podía oler sus miles de hazañas vividas de entre sus ahumados aires. Recorriendo cada página quemada, cada dolorosa palabra apuñalando su cansada cabeza, haciendo de cada una de ellas ecos que rememoraban hechos indeseables. Sus llamas desprendían un calor familiar en sus ojos, le hacían recordar sin inmutarse de su posición, en pocos segundos, de donde procedía y cómo se crió,... Veía una niña muy pequeña durmiendo en un coche viejo a las 5 de la mañana esperando a que su madre volviera a echarle un vistazo mientras trabajaba en la tienda, no era culpa de ella, ella trabajaba por su hija y aún así nadie más que ella podía cuidarla la mayoría de las veces. Momentos en los que papá trabajaba lejos de casa y eran pocas las veces que ella lo veía. Mañanas en las que, alguna vez ella cogía cacho y se sentaba en el escalón de la tienda comiéndose una barra de pan entera mientras la gente que pasaba le acariciaba la pequeña cabeza y le agitaban con cariño y risas su corta melena. Tardes en las que se posaba frente a sus cuatro paredes dibujando garabatos apoyada con el folio y el lápiz entre sus frágiles manos, desde la comida hasta la cena aprendiendo a escribir bien una letra y a hacer un frondoso árbol con sus ramitas y, otras veces, visitaba a sus queridos sabios bisabuelos, estos le contaban leyendas como la de 'las damas de las sombras' e historias de generaciones perdidas, otras de guerras, otras de la injusticia... Noches en las que algunas veces ella recibía a papá con un caluroso abrazo y una gran sonrisa en la cara. Acostumbrada a ver las cosas pequeñas como un gran tesoro. Contemplando con atención en su viejo hermoso jardín, ya demolido, desde la primera gota de rocío en cada rosa hasta la última nube rosada del atardecer. Primeros días de colegio, asombrada por cada palabra de sus pequeños libros de biblioteca con ilustraciones infantiles, le fascinaba tocar con ilusión el relieve de sus portadas, para ella, un pequeño nuevo mundo. Nuevas caras que ver todos los días, en principio todo iba bien, las niñas jugaban a las cocinitas a peinarse el pelo la una a la otra o a pasear con sus niñas rubias vestidas de rosa, pero ella era distinta y le gustaban otras cosas, le encantaba apoyarse sobre la ventana y pintar el patio del recreo, flores, animales... También le gustaba colarse a leer sus libros en mano en alguna esquina del invernadero, con la luz del sol, rodeada de preciosas plantas silvestres, cerca del frescor que dejaban los aspersores en la tierra húmeda llena de hormiguitas, sin nadie que la molestara mientras imaginaba ser la protagonista de sus cuentos. Pronto empezó a ser la burla de las niñas pequeñas que la miraban a través de la ventana de su mundo rosa; empezó a jugar al fútbol con los niños y algunas veces a caerse en charcos de barro cuando no parecía importarle mucho, a jugar a las canicas, a darle vueltas al rombo con un corcel, a hablar con la única amiga que tenía y a veces compartían los mismos gustos... La vida que a ella le divertía, y más diversión por la tarde cuando volvía al colegio. Regresaba media hora antes de las clases para jugar al pillado con sus nuevos amigos, corría por sus porches impregnando su aroma a felicidad a todo lo que pisaba. Sería la 'marimacho' durante los próximos años, luchaba en el barro amistosamente con los niños en grupos sujetando lo más parecido a una cuerda y pocas fueron las veces que cayera en ellos, más casi siempre tenía que chapotear en el barro cuando ellas estaban cerca, le hacía gracia oír sus quejidos tan agudos pero a la vez eran tan irritantes... No la dejaban en paz, si no tenían de nada más interesante que fingir hablar, solo era pasar por su lado y ya se acordaban de ella, el tema de ayer. Chiquilladas, éramos tan pequeñas... Siguen reapareciendo nuevos recuerdos en su mente mientras el fuego ya casi había deshecho su propia vida escrita en cenizas más allí seguía ella, inerte frente al indomable fuego... Pasaban los veranos tan buenos de la infancia, ella recuerda las veces que iba con su amiga, un amigo y una prima a la piscina de los olmos casi todas las tardes y después visitaban con cariño a los abuelos de su prima, jugaban con sus miles de gatos y al escondite en el desván. Pero también subía el número de problemas... Tan agobiante era la situación de que las pocas veces que veía a su padre siempre lo acababa odiando y con ganas de sacarle el dedo en toda la cara... Su madre decía que perdía la cabeza por el estrés del trabajo y siempre la pagaba con los más cercanos que tenía a su alrededor, ella simplemente pensaba que estaba loco... Parecía que le agradaba salir del trabajo para reprenderle cosas y la mayoría de las veces no tenía razón, era completamente absurdo, pedía ayuda, ella se ofrecía y finalmente le decía lo poco que valía cuando   no lo había hecho 'perfectísimo'. Le decía que era un desecho, (por no decirlo a lo basto), pero una cosa que ella sabía y él no sabía era que, para ella el se quedaba más atrás del desecho. A veces le hacía llorar y le arremetía algún que otro tortazo, y con ella alguna vez sufría su madre al oír las cosas que ella quería hacer. Se sentía tan frustrada y perpleja que hacía cosas impensables... No hacían nada juntos, solo algún fin de semana iban juntos a chinchilla con las bicicletas, pero por lo demás, cuando lo necesitaba para hacer algún trabajo: 'eso es muy fácil', 'no tengo tiempo, me voy a trabajar', 'en el taller esta todo lo que necesitas', 'ya te enseñé a tallar figuras de pequeña', 'inténtalo tú que yo no te lo puedo decir'. Cuando ella quería despejarse, se iba un poco de la casa a sitios más tranquilos como bajo su árbol dentro de un pequeño bosque cercano o a sentarse en la hierba a pintar... La suerte la delató una vez más tras la muerte de sus muy queridos bisabuelos, todavía guarda la cruz negra que le dio su tita puesto como colgante o en su bolsillo tras morir lenta y dolorosamente en un hospital. Fue como si le hubieran quitado algo dentro de ella, sentía un vacío muy intenso en ella. Los amigos ahora se dedicaban a ligar con las niñas y ya no era igual que antes, les daba miedo quedar mal delante de ellas y les seguían en todo, si ellas pensaban que 'tal' era paleta para ellos 'tol' era paletísimo. Entonces, se rindió y con su amiga empezaron a juntarse en los recreos con ellas, mientras tanto alguna que otra vez le echaban un mal de ojo y sus espaldas la criticaban. Tomó la comunión, la religión no le movía mucho, pero para no decepcionar a su madre, más o menos terminó por creer 'aparentemente'. Más que otra cosa le movían algunos regalos, el dinero y la tarta. Le regalaron dos muñecas, pero ahora mismo las tendría decapitadas en el baúl de los 'kekos'. Pasaban tantos sucesos por su cabeza que no podría describirlos en todo su tiempo... Hasta que ya se daba cuenta de que tenía que hacer lo que ella quisiera y no seguirle el juego a nadie, siguio haciendo lo que a ella le gustaba; seguía jugando al escondite, al pillado, a coleccionar bichos, a dibujar, a escribir, a cantar... Recordaba sucesivamente sus primeros días de instituto, era incluso mejor que el colegio, conoció a la persona perfecta de su vida y después de algunas rachas hizo sus propios mejores amigos tal y como era... Veía también muchos problemas en esa época pero prefirió suprimirlos de su cabeza. 'UUUUUF' Volviendo en sí, sopló las cenizas rojizas creando a su alrededor un campo de polvo olvidado. Apareció una sonrisa en su cara, por fin, había quemado el último diario que escribió y escribiría para siempre, su séptimo y último diario. Si algo aprendió para no sufrir más es no tener cerca algo que aún encima te haga recordar más tu vida anterior. Ahora, ella estaba dispuesta a empezar de nuevo sin libros triste que releer. La última escena de su anterior vida, respirar y expulsar rechazando sus restos en mis pulmones.
Ayer ardió su séptimo diario con ella, hoy renace sonriendo de sus restos.

sábado, 29 de enero de 2011

El Canal de las penas.

Atrapada, ya no queda nada de lo que era antes, el destino me pintó en la penumbra desoladora y no lo pude borrar. Hallada perdida, pisando sueños rotos humedecidos por cada lágrima colmada que caía de mis mejillas. Imágenes y voces hermosas vacilando mis vacíos adentros. Por cada paso que das, una espina te clavas mas aún no tiene comparación con el dolor que me causa ver cómo destruía todo lo que pasaba bajo mis pies. Deambulando dentro de mis propios tormentos, pronto podría nadar en ellos. Seguía derramando penas que tintaban acrecentando las aguas de sombras. Agobiada por la situación, ahogada en mi propio dolor. No, otra vez no. Aporreando el agua intentando borrar su esplendor, su reflejo en mis cansados ojos. Angustias que me torturan mientras el cauce sigue creciendo. Buscando la salida en vano y quebrando mi lucha por sobrevivir en angustias movedizas letales. Hundiéndome en sus ilusiones reflejadas. Parecía tan real, esos veranos soñados... esa tentación de traspasarlos y solo fue rozarlos para desvanecerlos. Esto esta acabando conmigo, me envenena la sangre, me quema la piel, me esta desintegrando en pedazos. Esto no lo quiero por favor, ¡basta! Gritando, gimiendo de resentimiento, yo y la ironía de ser esclava de mis cauces, quien me iba a decir que me estaba consumiéndo en ellos. No podía remediar los ríos brotando de mis ojos. Respiré la última bocanada de aire y terminé dentro de ellos. Ya nada podía salvar la vida que me estaba arrebatando a llantos, que al mismo tiempo me estaban ahogando, me impedían salir una vez más a la pútrida superficie pensando ahora que sería lo más bello que hubiera respirado. ¿Porqué es tan difícil amarte?, ¿porqué no te pude olvidar en esos momentos de desesperación?, ¡¿porqué?! Dios cómo deseaba hundirte conmigo en ese momento, cómo llegué a odiar amarte tanto, por encima de mí. La respiración frenó los latidos y con ella la desgracia de mi cuerpo destinado a vagar en las corrientes abrasadoras de mi canal. Demasiado tarde para remediarlo otra vez, ya estaba escrito. Ahora mi mundo es paralelo al tuyo, donde los sentimientos todavía persisten. ¿Porqué te amo más cada día si sé que eres causante de mis muertes?, solo sé que hay quien dice que donde hubo fuego siempre quedaran cenizas.
Yo, la verdadera historia de sus aguas, corriente suya deambulando sin control en cada gota de su cauce. Tócala, siéntela, bébela y sabrás lo que hay en ellas, correrás su misma suerte, la mía, a mi lado.

martes, 18 de enero de 2011

Contigo o sin tí.

Contigo el dolor,
pero sin tí el vacío.
Contigo el vivir,
pero sin tí el morir.
Contigo el ahogarse,
pero sin tí el hundirse.
Contigo el perderse,
pero sin tí el romperse.
Contigo el marearse,
pero sin tí el desmayarse.
Contigo el sueño,
pero sin tí la pesadilla.
Contigo es poco posible,
pero sin tí es imposible.

domingo, 19 de diciembre de 2010

Tiempo, ¿Estoy muerta?

Y sobran las palabras cuando contemplas con tus ojos. Te das cuenta de lo que el tiempo hace con la gente, cómo los cambia. Hasta que llega el punto en el que crees que nadie te comprende, que fuiste la única que sigue allí, sola, para evadirse de la realidad. Cuando el tiempo te intenta engañar con su envolvente soledad y te hace creer que estas loca, que malgastaste tu vida en pensar que cualquiera podría cambiar. Y ahora me pregunto, ¿porqué a mí no me cambia? Quizás el tiempo no pueda cambiar a la muerte, o me haya creído muerte por que alguien me robara los latidos de mi tiempo. 'Porque estoy rota por dentro.