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Por el amor de una rosa, el jardinero es servidor de mil doscientas espinas.

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domingo, 29 de abril de 2012

Día Negro raro.

Tercera hora. Contemplando con la mirada inerte, perdida en la esquina que frecuentaba acomodarse, mientras una voz más grave y un tan contundente procedía a dar la clase. Sigilosamente y de vez en cuando, contaba los segundos que le faltaban por recorrer a la manecilla grande de su reloj índigo aterciopelado para completar el minuto. Se retiró con brusquedad el mechón de la cara que repetidamente le hacía obtener una visión nula de la pizarra en que rara vez era que no tuviera ningún ejercicio resuelto de trigonometria de la clase anterior a gimnasia. Paulatinamente, inclinó la cabeza y con una mano se limitó a cerrar su flequillo asegurándose de que  ningún milímetro de su frente quedase destapado a la vista de otros. No podía contener las ganas de echar un ojo otra vez a su reloj de aguja, con la esperanza de haber perdido ya media clase, cuando, lo encuentra tan solo cinco minutos retrasado desde la última vez que lo observó. Esta vez, le pareció que el tiempo se iba ralentizando hasta llegados algún momento de la clase parar lo que le hizo estremecerse y, en un desesperado intento por entender lo que el profesor estaba explicando en ese momento, se echó las manos a la cara aferrándose prontamente a su mesa. De su pequeña carpeta de borradores en blanco y negro, sacó un boceto a medias, con porciones del papel más ennegrecidas que otras actuando como la sombra de los párpados caídos. Y más intensas se hacían alrededor del extremo de los finos labios que difuminaba con la ayuda de sus largos dedos, los que utilizaba dependiendo del tamaño, simulándolos con el trabajo de distintos pinceles de diferente grosor, restregando con desigual forma las lineas del folio. No esperando ninguna advertencia del profesor y esperando ser invisible en su propia mente negra y vacía, garabateó su firma artística en la esquina del papel. La negrura del iris y el rostro apagado de su cara presente le provocó una nostalgia  a ser cómo solía ser hace un tiempo. Suena el timbre. Le consoló el pensar que ya faltaba menos para marcharse de esa prisión, pero no lo hacía el saber que afuera le aguardaba otra peor, por las tardes le gustaba quedar con sus amigos pero iba a ser el primer viernes que oportunamente todos estaban ocupados. Hoy es un día negro, dijo ella. Todo se ve tan similar y a la vez tan diferente al pasado día.. La noche pasada tuvo una fuerte discusión con su padre, una peor que la anterior, y siempre acaba en manos y gritos desesperantes e irritantes que te persiguen hasta que tu sentido común muere, esperando a que la fuerza gane la partida, pero esa vez no quería limpiarse el rimel corrido de sus mejillas lo que le hace desear a una aún más la independencia y un cerrojo en su ** cuarto. Esa mañana le había molestado algo que mencionó con sus amigos, las típicas tonterías con las que uno se suele rebanar los sesos y preguntarse cosas, y, ellos no lo habían notado. Le buscarían en el recreo, pero ella no estaría allí para verlo. Pues nada en sus días había cambiado, el cielo siempre estaba azul, las nubes seguían el mismo recorrido de siempre, el suelo seguía ahí soportando sus botas negras cada vez más desfavorecidas y andrajosas, aunque siempre después de salir de allí le quedaba un buen trecho a casa para cansarse pero por un momento no ser el blanco de furia de tus padres por ser un desastre en muchas ocasiones. Entonces, ¿mi suerte nunca cambiaría?.., o simplemente iría a peor.. Pensó. Nada es nada. Las cosas por un sentido parecían mejorar pero como todos, por otro era totalmente diferente. Todos progresaban, y ella tenía la sensación, de, quedarse estancada, ahogarse con su propio oxígeno, simplemente, no avanzar, quedarse en una fracción del pasado que todos sabemos que se repetirá, y repetirá, y repetirá.. El no tener miedo a nada y no morir ya le estaba aburriendo, y, a veces, entristeciendo. Quería experimentar, hablar de las sensaciones que ahora muchos a su alrededor ya podían hablar, no quería ser un futuro en el pasado, no quería esa sensación de envejecer cuando todos son tan jóvenes.. Sale del aula. avanza con sus pasos cada vez más arrastrados de lo normal y cansados. Se detiene frente al cristal donde hay depositado dentro un extintor de emergencias y observa su reflejo; en el percibe el reflejo de un engendro  largo de metro setenta y ocho, un reflejo de la inseguridad del pretérito sombrío al que prefiere no darle otra vez rienda suelta. Esta vez, baja por su escalera más próxima para evitar detenerse a hablar con sus amigos. No es que estar solo sea la gran solución, pero tampoco sabía lo que quería esa mañana.. Bueno, tenía un nudo en la garganta, de esos que si no lo sueltas se te hace muy difícil el tragar saliva, quizá fuera eso, pero tampoco tenía ganas de comprobarlo. Quizá faltaba algo que siempre estaba ahí, para ayudarte en esto, esas parejas que se preocupan por tí, te dan un beso y te hacen más fácil el día. Ese algo que si no lo tienes y lo ves, te deprime aún más y te araña con fuerza el pecho, suerte que ella ya no tenía corazón de niña, no al menos la gran parte de él. O quizá, ya no concordaba con su forma de ser; mamá odia su forma de ser. Ya no la reconoce, últimamente esta más borde con mamá y le contesta, se regodea mucho de los éxitos de su hija con toda la gente y en cambio no se siente orgullosa de lo que a ella en realidad le gustaría ser y hacer, se avergüenza. Ella piensa que su madre quiere vivir sus quince años dentro de ella a su manera como si fuera lo mejor para ella, pero no es así, y eso le agobia constantemente, como un moscardón incrustado en sus oídos. Volvemos al punto cero. La mañana es terrible, para tirarse por el puente de un río, un soplo de aire del sahara sofocante en primavera, bueno eso y que tenía algo de fiebre aunque el cielo estaba gris y nublado. Odia estar acalorada, y más cuando esta mala y no a pegado ojo en toda la noche; una parte de ella le dice, '¡A qué esperas!, vete a casa, enciende el ventilador y métete en el puto congelador', mientras la otra neutral prefiere quedarse en el limbo para que no le pongan más faltas de las que tiene. Se tragó toda la mañana con el comecocos en la cabeza, fue eterno, pero salió. Esta vez las nubes dieron paso a la lluvia que se encontró cuando salió, no llevaba paraguas, se extendió la chupa de cuero que llevaba a lo largo de la cabeza, aún así no hacía mucho frío aunque las gotas estaban heladas. Llevaba tres días seguidos bebiendo por la cuenta de la gasolina del coche de mamá con el que venía a recogerle rara vez. Pero hoy no iba a aparecer. La lluvia alternaba su intensidad y el bello del brazo ya se le erizaba como a un perro camino a casa. No esperaba un final feliz para este día, pero si peor porque ella piensa que no se puede descartar ninguna posibilidad, aunque sin amigos no hay final feliz, todavía seguía un poco consternada por lo que iba a hacer esta tarde en casa cuando oyó una bocecilla conocida y lejana a su espalda gritando su nombre:
- ¡Espera, guarrilla!, ¿estás mejor de la cabeza?, pareces una muerta viva, anda, toma mi chaqueta y ya me la devolverás esta tarde.
~
Estaba equivocada, tengo mucha suerte. Ya no me acordaba de porqué segundos atrás me mordía las uñas, o al menos, ya no me importaba tanto. Yo decido, yo soy yo, si yo soy la que hago el esfuerzo por respirar, entonces también puedo decidir si hacerlo bien o no. Y no cambiar, nunca. La lluvia se debilitaba en cantidades, bañaba mi helada tez una vez más, seguía el camino a casa desde el bancal. El viento azotaba el pastizal con gran magnitud, moviéndose con gran exaltación de un lado a otro. Personitas insignificantes con sus paraguas refugiándose de la precipitación cruzando las caminillos y senderos apresurados hacia la carretera. La carretera, puedo ver mi propio reflejo en ella, el de una niña con ganas de pisar un buen charco. Parecía estar andando sobre un río de agua, qué gran sensación.  Volvía a sentirme algo más cria, con sus mechones largos empapados de agua y el flequillo descuidado. Las calles parecían una inundación divina, y yo me había calado los calcetines de pasar por lo más encharcado. Si ahora mismo Eva, amante de los charcos estuviera presente, no me haría falta un baño para contarlo, y lavadoras.. Sería una pena que esta tarde, con Eva de paseo por las calles de Venecia, tuviera que poner otra lavadora asegurada. Y, a veces me hace pensar, que con amigos como ella, no necesitaría espejos falsos ni reflejos aliados para vivir como lo hacemos ella y yo, con manos que a veces, tras una tormenta, resbalan, pero llegados a un arco iris, agarran y no dejan de hacerlo. Un charco bajo mis pies.



lunes, 29 de agosto de 2011

Eva Kaulitz Baba Monster.

Que decir, Eva, que decir más de tí cuando las palabras se me quedan cortas, cuando no las hay para describir a una de las personas más especiales que has conocido en toda tu vida. Que decir cuando esa persona especial te regala esos momentos especiales que tanto arreglan a las caras tristes. Que decir si sus días y los míos se han enlazado.. Su rutina es la mía, siempre acabamos en la misma heladería, el mismo ayuntamiento, la misma fuente, el mismo camino, la misma hora, el mismo lugar, el mismo sabor de granizado, la misma cena, el mismo plan de siempre.. Viviendo de un mismo Mc Donnals, pizzas de casa en casa, bolsillos de los pantalones cruzados de la mano, respirando el mismo aire, siempre es la misma rutina, con ella.. Ahora, esa rutina me es como el agua de esencial. ¿Qué hago ahora que en mi calendario todos los números se acompañan de la palabra 'con Eva'? Solo sé que, es muy difícil encontrar a una buena amiga así, para más difícil todavía dejarla e imposible olvidarla.  Eva, eres grande, muy grande. Sabes que yo siempre voy a estar allí, contigo y que sin tí pienso que no podría valerme por mí misma porque amigas como tú muy pocas. Amigas de esas que te dibujan una sonrisa en la cara cuando las cosas no van bien y te la realzan cuando ríen. Porque nunca se podrán olvidar esos momentos que pasamos juntas; esos conciertos de Vetusta   y Supersubmarina y que no me olvide de Eladio x) , ese GRAN viaje a Masella, ese paseo por Andorra viendo sus tiendas y comparando precios, esas noches en la que no pegábamos ni ojo y Paco tampoco, ¿te acuerdas?, en la nieve cuando apenas sabíamos esquiar, nuestros esquís se atravesaban entre ellos y nos caíamos juntas, cada vez que me llamabas por teléfono y nos era imposible despedirnos, cada vez que besamos el suelo juntas y después nos reíamos, esos babas production donde se podían ver nuestras tonterías, esas sesiones de fotos con cara tonta, esas veces que ibamos a la maquina de bailar y te pasabas lo menos dos horas bailando, esas cenas cuando vienes a mi casa, mi noche de cumpleaños 'durmiendo' bajo las estrellas que habrá que repetir, esa noche cuando Paula se sobó, conocí una gran parte de esa Eva que tienes dentro, y tú conociste a la Cristina que poca gente conocía, descubrí lo mucho que teníamos en común y lo única que podías ser. Y lo que no era noche las sorpresas para mí por la mañana; el rotulo en la calle con tiza que por cierto todavía no se ha borrado, esa pancarta con un 'felicidades' a lo largo, y esa tarde con una tarta hecha por vosotros, la decoración con globos, nuestra nueva camiseta oficial de los Baba Monsters, nuestro tinto, y después las fiestas del parque.. Esa cocinera que me sorprendió con sus macarrones, esas tardes que cuando nos aburrimos nos cortamos la ropa y le damos nuestro toque de humor, nuestros amigos por el mundo conectados al dedo, esos apretones de mano cuando Pucho cantaba '..puedo saber que sin vosotros duele más..', esos putos siete días que íbamos a la joyería y la 'muy' nos cerraba o el tío no estaba, esos refrescantes días que cuando veíamos una fuente nos metíamos y empezábamos a salpicar casi en las narices de la poli, todos esos Willies que te hacía en baloncesto,.. INOLVIDABLE. Ya son muchos años, nos conocímos en tercero de primaria, casi siempre jugábamos a los partidos quemados o al mareo con el balón, ahora somos uña y carne, tenemos una peña en común, compartimos ideas en común aunque a veces halla algún que otro berrinche, aquí seguimos, y espero que sigamos, porque quiero más momentos como estos y espero que más viajes como los planeados por Rober y el grupo para el año que viene, o los nuestros, atracamos la tienda de fotografía y música del centro, nos quedamos algunos instrumentos y cámaras, lo demás lo vendemos y nos vamos a Noruega haciendo transbordo en Berlín x) y muchos planes más descabellados de los nuestros para que no le falten de nada a nuestros Willies, aquí te dejo algunos de nuestros momentos juntas, te quiere, de tu chocho:
PD: Saludos a los Willies, a mis vetustones y a mis Lady Evos xD




 


























viernes, 19 de agosto de 2011

La rosa y el jardinero 'Mariposillas que se sienten'

Cuantas cosas perdemos por miedo a perder... Quien lo iba a decir.. 'AMOR', palabra de dos vocales, dos consonantes y.. de dos idiotas. Él tiene miedo a perder el poder, le asustan las mujeres que saben lo que quieren y están seguras de sí mismas; ella, ella simplemente tenia miedo, no sabía lo que quería, bueno, quizás lo supo pero, no estaba segura. Pero, ¿entonces?, el miedo se hace cuando aún estas enamorado. Y.. ¿entonces?, ¿porque tienes miedo? Pues creo que al final va a ser verdad, su instinto social no se basa en el amor a la sociedad, sino en el miedo a la soledad. ¿Porqué lo hicistes?, ¿porqué?, ¿porqué te engalanaste con pétalos de otro rosal? Quizás porque eran más bonitos y eran fácilmente accesibles de coger al tacto. Ésta que ahora mismo ves imigrando, ésta era como cualquier otra, pero sus espinas ordinarias cortaban y no aparentaban lo mismo, o al menos muchos jardineros la tomaban por ello. Un día cualquiera, va y aparece él, un jardinero pero no común, un jardinero mágico, que, hacía magia en ella. Florecía sus frondas, engendraba rocío de sus corolas, intensificaba su atractivo tinte  similar a la sangre, acrecentaba y afilaba sus refulgentes espinas... Solo con, susurrarle, cantarle, percibir el sombrío de sus ojos, cada paso más cercano de sus tallos casi inasequibles.. Cada paso bien dado, la rosa retiraba pausadamente su cola de espinas dorsadas en sus tierras acuosas trepando por sus retoños formando así carruseles de zarzas. Cada vez más cerca, pero sus pasos mal dados estremecían su cola de espinas y volvía a bloquearse. Con el paso del tiempo, el jardinero dejó de ver en ella el mismo misterio que el del principio de la historia, se cansaba. Y después, ¿qué quedó?, ¿me lo puedes decir tú, jardinero? Nada. El jardinero se fue para siempre, repito, ¿para siempre?, y la rosa perdió su mayor cualidad al ver cómo abonaba los hermosos rosales de la acera del frente. La rosa se podría por dentro, ya casi no se distinguían sus pútridos pétalos, apenas se libraban del encierro de sus espinas crecientes. Algo la retorcía por fuera, algo la lastimaba por dentro. La rosa, que veía que no volvía, tornó sus punzantes numerosas espinas dentro de su tallo y se dejó llevar por su entorno, esas amistosas mariposas que se posaban en sus raídos pétalos reparando poco a poco sus hojas animándola con el sonido de sus amplias alas revoloteando. La rosa se reponía, nunca con el mismo esplendor que sembraba el joven jardinero, nunca después con su misma mágia, pero logró salir de su crisis de desecación. Ya no lo sabe, ya no sabe si podrá sentirse como otras veces la hizo sentir, pero, aún así, la rosa seguía allí, inmóvil, depositando dentro sus miles de espinas agujereando su robusta textura, tragándose sus propias defensas una a una en un fatal intento. Era tan triste, que perdió las fuerzas para martillarse a ella misma, y, también se cansó. Se cansó, quería saber qué era lo que las mariposas llamaban felicidad, e intentó serlo un día. ¿Ahora?, ahora la rosa quiere volar, quiere ser mariposa. Quiere vivir con ganas, quiere tener ganas, para intentarlo. A veces, las tiene, otras, las pierde. Ya no quiere huir de las nuevas experiencias, ya no le da miedo. Quiere sentir de nuevo esa sensación de, mariposas en su estómago. Quiere que un jardinero de los mágicos, que la pode, le cante, le riegue, le susurre, le roce con sus milagrosos labios que lo curan todo.. Quiere uno como él, pero, ¿podrá verlo como tal? Esas cosas nunca se saben, es un misterio, pero solo sabe que el misterio está en la magia, ella sólo conoce una y no sabe si volverá. Su jardinero, bueno, el jardinero está feliz con sus rosas, pero, esta rosa ahora mismo se pregunta:
Si ahora mismo se tocara el pecho, ¿tendría clavadas sus 1200 espinas? Dímelo tú, sin rencores. Tócate el pecho y dime si sientes algo, dime si se te vuelve a acelerar. Yo te digo que, para mi saberlo es importante, porque, para mi eres importante, ahí, en el pecho. Hay momentos en los que, ahí, te haces de llamar, y, de verdad que no me quiero esconder, te querría responder. Hay otros momentos que, dueles, dueles como 1200 tijeras podadoras que te atraviesan ahí. Otra parte, otra parte en la que no veo tu interés y, el mio desgraciadamente, también se pierde, por los ojos. Me deprimo, me miro al espejo, y digo: 'Esta no soy yo, no soy la misma de antes, soy una copia de Dña.Cobardía, y me dan asco ese tipo de niñatas'. Por lo menos, ya me dí cuenta, aunque no antes de tiempo. Tengo creencias, me siento más segura, de mí misma, tambien sé lo que quiero, otra cosa es que lo consiga. Así que, si es verdad lo que dicen, que os dan miedo este tipo de rosas, ya puedes tenerme miedo, porque no voy a dejar mi felicidad caer en cascadas, voy a dejar que entre de mis sonrisas. Espero que tú, también tengas la tuya cuando nos veamos, pues, la felicidad es como un virus, que se contagia de nuestro entorno, nuestro aire, nuestras cosas que dejamos sin siquiera empezar, sin apenas hablar. Tuve miedo a no ser perfecta, pero, ¿a quién demonios le importa y quién demonios lo es?, ¿te importa a tí?, porque si no te importa a tí, a mí tampoco. También a hacer cosas de las que, apenas tengo experiencia, miedo a hacerlas mal, pero, siempre hay una primera vez para todo, ¿no?, y quien me quiera de verdad no va a echarme en cara si lo he hecho mal o no, ¿me equivoco? Sé que en todo este tiempo, no he avanzado nada, inclusive, he retrocedido, pero ya no quiero rallarme ni bloquearme, tampoco quiero ser esclava de nadie, quiero ser libre, LIBRE, y sentir que vuelo, sentirte como el primer día, sentir el aire que respiras y olerlo, oler ese aroma tan dulce a tí. Que este mismo momento es como de los que te haces de llamar como digo yo, ¿recuerdas? Después ya no sé como me vaya a sentir, pero no quiero sentirme atada otra vez ni a tí ni a nadie, quiero sentirme libre, como una mariposa, volando, soñando contigo o yo misma sola. Pero quiero estar feliz, solo quiero sonreír, y dejar que no me afecten las cosas malas y volar con mis queridas mariposas, esas que siempre quiero que estén allí. Adiós, mi jardinero mágico, esta rosa se despide en un atento saludo, un profundo abrazo, y, no por menos importante, un mágico beso, para que te acuerdes de mí y mantener inquietas a tus hermosas rosas. ;D
Espero que te llegue de: La chica de tus futuros 'miedos'.

A A mis queridas mariposas voladoras:
 Eva Kaulitz
Paula Sarria
Arantxa De la Rosa

lunes, 7 de febrero de 2011

Restos.

Reflejado en su orgulloso brío de ojos, sus miles de palabras derramándose por sus viejas páginas. Tinta de sus bolígrafos derrochada una vez más bajo el ardiente fatuo fuego. Desintegrando en humo secuelas descritas en sus frágiles hojas rajadas llenas de resentimiento y melancolía. Ella podía oler sus miles de hazañas vividas de entre sus ahumados aires. Recorriendo cada página quemada, cada dolorosa palabra apuñalando su cansada cabeza, haciendo de cada una de ellas ecos que rememoraban hechos indeseables. Sus llamas desprendían un calor familiar en sus ojos, le hacían recordar sin inmutarse de su posición, en pocos segundos, de donde procedía y cómo se crió,... Veía una niña muy pequeña durmiendo en un coche viejo a las 5 de la mañana esperando a que su madre volviera a echarle un vistazo mientras trabajaba en la tienda, no era culpa de ella, ella trabajaba por su hija y aún así nadie más que ella podía cuidarla la mayoría de las veces. Momentos en los que papá trabajaba lejos de casa y eran pocas las veces que ella lo veía. Mañanas en las que, alguna vez ella cogía cacho y se sentaba en el escalón de la tienda comiéndose una barra de pan entera mientras la gente que pasaba le acariciaba la pequeña cabeza y le agitaban con cariño y risas su corta melena. Tardes en las que se posaba frente a sus cuatro paredes dibujando garabatos apoyada con el folio y el lápiz entre sus frágiles manos, desde la comida hasta la cena aprendiendo a escribir bien una letra y a hacer un frondoso árbol con sus ramitas y, otras veces, visitaba a sus queridos sabios bisabuelos, estos le contaban leyendas como la de 'las damas de las sombras' e historias de generaciones perdidas, otras de guerras, otras de la injusticia... Noches en las que algunas veces ella recibía a papá con un caluroso abrazo y una gran sonrisa en la cara. Acostumbrada a ver las cosas pequeñas como un gran tesoro. Contemplando con atención en su viejo hermoso jardín, ya demolido, desde la primera gota de rocío en cada rosa hasta la última nube rosada del atardecer. Primeros días de colegio, asombrada por cada palabra de sus pequeños libros de biblioteca con ilustraciones infantiles, le fascinaba tocar con ilusión el relieve de sus portadas, para ella, un pequeño nuevo mundo. Nuevas caras que ver todos los días, en principio todo iba bien, las niñas jugaban a las cocinitas a peinarse el pelo la una a la otra o a pasear con sus niñas rubias vestidas de rosa, pero ella era distinta y le gustaban otras cosas, le encantaba apoyarse sobre la ventana y pintar el patio del recreo, flores, animales... También le gustaba colarse a leer sus libros en mano en alguna esquina del invernadero, con la luz del sol, rodeada de preciosas plantas silvestres, cerca del frescor que dejaban los aspersores en la tierra húmeda llena de hormiguitas, sin nadie que la molestara mientras imaginaba ser la protagonista de sus cuentos. Pronto empezó a ser la burla de las niñas pequeñas que la miraban a través de la ventana de su mundo rosa; empezó a jugar al fútbol con los niños y algunas veces a caerse en charcos de barro cuando no parecía importarle mucho, a jugar a las canicas, a darle vueltas al rombo con un corcel, a hablar con la única amiga que tenía y a veces compartían los mismos gustos... La vida que a ella le divertía, y más diversión por la tarde cuando volvía al colegio. Regresaba media hora antes de las clases para jugar al pillado con sus nuevos amigos, corría por sus porches impregnando su aroma a felicidad a todo lo que pisaba. Sería la 'marimacho' durante los próximos años, luchaba en el barro amistosamente con los niños en grupos sujetando lo más parecido a una cuerda y pocas fueron las veces que cayera en ellos, más casi siempre tenía que chapotear en el barro cuando ellas estaban cerca, le hacía gracia oír sus quejidos tan agudos pero a la vez eran tan irritantes... No la dejaban en paz, si no tenían de nada más interesante que fingir hablar, solo era pasar por su lado y ya se acordaban de ella, el tema de ayer. Chiquilladas, éramos tan pequeñas... Siguen reapareciendo nuevos recuerdos en su mente mientras el fuego ya casi había deshecho su propia vida escrita en cenizas más allí seguía ella, inerte frente al indomable fuego... Pasaban los veranos tan buenos de la infancia, ella recuerda las veces que iba con su amiga, un amigo y una prima a la piscina de los olmos casi todas las tardes y después visitaban con cariño a los abuelos de su prima, jugaban con sus miles de gatos y al escondite en el desván. Pero también subía el número de problemas... Tan agobiante era la situación de que las pocas veces que veía a su padre siempre lo acababa odiando y con ganas de sacarle el dedo en toda la cara... Su madre decía que perdía la cabeza por el estrés del trabajo y siempre la pagaba con los más cercanos que tenía a su alrededor, ella simplemente pensaba que estaba loco... Parecía que le agradaba salir del trabajo para reprenderle cosas y la mayoría de las veces no tenía razón, era completamente absurdo, pedía ayuda, ella se ofrecía y finalmente le decía lo poco que valía cuando   no lo había hecho 'perfectísimo'. Le decía que era un desecho, (por no decirlo a lo basto), pero una cosa que ella sabía y él no sabía era que, para ella el se quedaba más atrás del desecho. A veces le hacía llorar y le arremetía algún que otro tortazo, y con ella alguna vez sufría su madre al oír las cosas que ella quería hacer. Se sentía tan frustrada y perpleja que hacía cosas impensables... No hacían nada juntos, solo algún fin de semana iban juntos a chinchilla con las bicicletas, pero por lo demás, cuando lo necesitaba para hacer algún trabajo: 'eso es muy fácil', 'no tengo tiempo, me voy a trabajar', 'en el taller esta todo lo que necesitas', 'ya te enseñé a tallar figuras de pequeña', 'inténtalo tú que yo no te lo puedo decir'. Cuando ella quería despejarse, se iba un poco de la casa a sitios más tranquilos como bajo su árbol dentro de un pequeño bosque cercano o a sentarse en la hierba a pintar... La suerte la delató una vez más tras la muerte de sus muy queridos bisabuelos, todavía guarda la cruz negra que le dio su tita puesto como colgante o en su bolsillo tras morir lenta y dolorosamente en un hospital. Fue como si le hubieran quitado algo dentro de ella, sentía un vacío muy intenso en ella. Los amigos ahora se dedicaban a ligar con las niñas y ya no era igual que antes, les daba miedo quedar mal delante de ellas y les seguían en todo, si ellas pensaban que 'tal' era paleta para ellos 'tol' era paletísimo. Entonces, se rindió y con su amiga empezaron a juntarse en los recreos con ellas, mientras tanto alguna que otra vez le echaban un mal de ojo y sus espaldas la criticaban. Tomó la comunión, la religión no le movía mucho, pero para no decepcionar a su madre, más o menos terminó por creer 'aparentemente'. Más que otra cosa le movían algunos regalos, el dinero y la tarta. Le regalaron dos muñecas, pero ahora mismo las tendría decapitadas en el baúl de los 'kekos'. Pasaban tantos sucesos por su cabeza que no podría describirlos en todo su tiempo... Hasta que ya se daba cuenta de que tenía que hacer lo que ella quisiera y no seguirle el juego a nadie, siguio haciendo lo que a ella le gustaba; seguía jugando al escondite, al pillado, a coleccionar bichos, a dibujar, a escribir, a cantar... Recordaba sucesivamente sus primeros días de instituto, era incluso mejor que el colegio, conoció a la persona perfecta de su vida y después de algunas rachas hizo sus propios mejores amigos tal y como era... Veía también muchos problemas en esa época pero prefirió suprimirlos de su cabeza. 'UUUUUF' Volviendo en sí, sopló las cenizas rojizas creando a su alrededor un campo de polvo olvidado. Apareció una sonrisa en su cara, por fin, había quemado el último diario que escribió y escribiría para siempre, su séptimo y último diario. Si algo aprendió para no sufrir más es no tener cerca algo que aún encima te haga recordar más tu vida anterior. Ahora, ella estaba dispuesta a empezar de nuevo sin libros triste que releer. La última escena de su anterior vida, respirar y expulsar rechazando sus restos en mis pulmones.
Ayer ardió su séptimo diario con ella, hoy renace sonriendo de sus restos.